"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas". El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Aquel escriba, había escuchado la acertada respuesta de Jesús cuando se decide a preguntarle. Aquel escriba se aproxima con rectitud a Cristo, movido por el deseo de conocer qué ha de hacer en su vida, o, mejor dicho, a confrontar si su conducta se desenvuelve en la dirección adecuada.